Máscaras del Evangelio.

Publicidad

Cuando comprendí el Evangelio y su propuesta de vida para todo el hombre, pronto me di cuenta de que el resto es descanso.

Sólo es posible recibir lo nuevo de Dios convirtiéndose en un nuevo destinatario, es decir, un corazón nuevo para un hombre nuevo que recibe la novedad de vida por y para Jesús. Y esto exige reconstrucción, el Evangelio de Jesús da miedo, porque sólo es posible recibirlo y abrazarlo como bien para el alma si lo que recibe es derribado como naturaleza caída y pecadora y siendo rehecho en una celda por

célula, ya sean conceptos, preceptos, certezas, pensamientos, creencias, esta casa construida sobre arena tiene que ser deshecha, derribada y construida sobre roca.

Ser,elEvangelioponersolo,sinadicionesycapazdetransformarelhombreponerentero.En este camino que Jesús nos dice que lo sigamos está el proceso de la vida, aprendiendo de la vida misma y confrontándonos diariamente entre la vida antagónica en el mundo y el Evangelio como lo opuesto a ella.

Publicidad

Si nos preguntamos, por ejemplo, por qué Jesús no trató temas que consideramos esenciales para la vida y consideramos vitales para el buen vivir, como el matrimonio (nunca llamó a una pareja para aconsejarlos), cuestiones como ser hombre quien “hace honor a los pantalones” entre muchos otros temas, nos quedaremos sin una respuesta inmediata. Precisamente porque no tratamos la vida como un todo para todo el Evangelio. En otras palabras, ¿cómo aborda el Evangelio todas estas cuestiones? Sencillo, el Evangelio de Jesús trata de la esencia básica del hombre, que es él mismo, una cuestión espiritual (No espiritualidad).

La esencia del Evangelio es el amor. Suficiente. Amor a Dios sobre todo y a mi prójimo como si fuera yo. Punto final. No queda nada.

Todo lo demás son máscaras implantadas y consensuadas por el clero, para intentar dar una característica, o una “modus operandi” para escapar de la confrontación que Jesús me hace pasar todos los días cuando nos miramos al espejo. Aliviar cuestiones morales y sociales relevantes, como las normas religiosas.

Sin embargo, nunca hemos tenido tantos cursos, procedimientos y normas dentro de las iglesias como cara a cara con Dios, casados para siempre, curso de madurez, negocios a la luz de la Biblia, etcétera; Para todos los gustos y formas, sólo hacía falta “un curso para salvarse”.

Para mí, perdón a los promotores, simpatizantes y participantes, todo esto no son más que máscaras para el Evangelio, es una pérdida de tiempo del evangelio; Honestamente, el psicoanálisis o la terapia de grupo pueden funcionar mejor que muchos de estos cursos, ya que tratan la causa y no ponen un barniz a la persona. A veces parecen alcohólicos anónimos (dignos de respeto, pues han ayudado a muchos) encerrados, con ropaje espiritual.

He escuchado de muchas personas sobre la maravilla del cara a cara (aunque dicen muy poco, ya que es un secreto decir lo que dicen – el Evangelio no esconde nada, muestra sus rostros. Vuelven diciendo que lloraron). mucho, se abrazan, se besan, hablan con voz dulce y serena, pero para la mayoría es cuestión de tiempo, antes de que vuelvan a sus viejos conceptos, todo fue solo una capa de pintura inadecuada, que se desprende según el lluvias y enfrentamientos de la vida.

Al final de todo solo nos faltan cursos para casarnos, para vivir casados, para ser hombre, para organizar nuestra vida económicamente, padres para siempre, una mujer “femenina”, entre decenas de cosas más porque nos falta AMOR.

Estas máscaras del Evangelio pueden enseñarnos a comportarnos, moldearnos, transformarnos en muñecos de bolitas robotizados, pero nunca podrán enseñarnos a AMAR.

Sólo el impacto en el pecho, que cada día lo destruye y reconstruye, es capaz de hacernos AMAR.

Contra el amor, no la ley, no el comportamiento, no el encuentro, no la organización, no el “para siempre” ninguno si no es amor. Sólo el amor nos hace personas, el resto es sólo un barniz.

Y mi mayor defensa contra esto es que mucha gente se está acostumbrando a “ir” y “estar” en un lugar, con paredes, sillas y horarios programados, van a malas iglesias, no son Iglesias. Van al círculo de autoayuda, pero no están teniendo un impacto con Dios. Están siendo martillados con culpa y más culpa maligna, nunca frente a un espejo que nos muestra lo vacíos que estamos de Él, es que lo mejor que podemos ser no soporta Su morada en mí, si no me confronto. Él, con una llamada única y personal.

¿El resultado? Las próximas décadas demostrarán el enorme número de evangélicos nominales que tendrá este país.

La Iglesia es gente llena de Dios y no edificios llenos de gente.

Prediquemos, vivamos y seamos confrontados con el Evangelio de Jesucristo nuestro Señor.

Fabiano Moreno